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¿En qué soñáis los perros cuando
la noche os vence
y se remansa el aire tranquilo en vuestro aliento
y los músculos flojos se acomodan al musgo
bajo el peso imposible de las sombras azules?
¿A qué dulces caricias, qué prados infinitos,
qué sangre nutritiva de pálpito caliente,
qué torrente de juegos, qué risa de agua fresca,
a qué dichoso otoño vuestra memoria os llama?
Si el silencio te guarda, mi voz será tu casa,
si te abriga la nieve, mis manos serán frío,
si te asustan las olas, seré calma y océano,
pero duerme y dibuja una boca de fruta
que me roce serena en el costado herido,
porque mi lecho triste no quiere que te vayas.
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