Hola,
soy Fuska, una ex-inquilina del Albergue de Segovia y he pedido
a mi amita que me trajese hoy, no para ganar ningún premio,
yo ya tengo todo lo que un perrito puede desear ... mi familia,
sino para transmitir un mensaje de todos mis compañeros
sin hogar.
En la Asociación para la Defensa de los Animales de
Segovia, son muchos los humanos que nos ayudan. Los socios
que aportan el dinero para poder mantenernos, los padrinos
que ayudan a buscar un hogar y que también cooperan
económicamente, las personas que se dejan los ojos
haciendo números para que haya para todo, los que nos
hacen viajar por Internet a otros lugares para que nos conozcan,
los que defienden nuestros derechos ante una sociedad que
no los reconoce, ... y muchos más que seguro me olvido.
Todos ellos son esenciales e importantes; emplean su tiempo
libre, su esfuerzo y su buen corazón en ayudarnos.
Pero hay un grupo de personas a las que un perrito abandonado
no puede olvidar. Una voz amiga que te recoge de la cuneta,
te cura las heridas y te lleva a un lugar seguro, donde nunca
más te pegarán, donde siempre tendrás
comida, agua y una mano a quien lamer. Estos humanos, la mayoría
de las veces anónimos y discretos que en vez de estar
de fiesta, tomando copas, tumbados viendo la tele, leyendo
un libro o simplemente durmiendo un poquito más un
sábado para descansar del trabajo, están allí
arriba con nosotros, pasando un frío horrible que te
llega hasta los huesos o un calor abrasador.
Nunca nos fallan. Por mucho frío o calor que haga,
llueva, nieve, aunque estén cansados, tristes, pase
lo que pase ellos suben a limpiar nuestro chenil, a darnos
de comer, a pasearnos, peinarnos y darnos los mimos que nunca
habíamos tenido. Sufren en su corazón nuestra
mirada triste, nuestro rabito inmóvil, nuestras orejas
gachas, el amigo que se va, el que llega malherido. Nos salvaron
un día la vida y nos cuidan hasta encontrarnos una
segunda oportunidad de ser felices.
Cuando llegó mi día, me despidieron entre risas
y lágrimas. Sabían que estaría bien cuidada,
pero también que me echarían de menos. Pensaban
que nunca más me acordaría de ellos, pero vaya
donde vaya, nunca podré olvidarles porque han sido
mi familia, con ellos he aprendido que hay muchos, muchos
humanos buenos y sin ellos nunca hubiese podido llegar hasta
aquí.
Una voluntaria escribió en la página web de
la protectora: "Quiero contaros a todos que estoy teniendo
la experiencia más bonita de mi vida desde que voy
a la protectora de Segovia, es tanto el cariño que
me dan mis niños que cuando no estoy me acuerdo mucho
de ellos, siempre están dispuestos a quererte, realmente
son ellos los que hacen que me sienta querida. Tienen tanto
que dar y yo tanto que aprender con ellos.".
Estas palabras reflejan lo que son y lo que sienten nuestros
tíos y tías humanos voluntarios del albergue
de Segovia, pero nosotros nunca podremos expresarles con palabras
nuestro agradecimiento. Por eso hoy me gustaría pedirles
a todos ustedes un favor, que sean las manos que no tenemos
para poder dar un gran aplauso a todos estos voluntarios.
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